martes, 16 de abril de 2013

LA LEY, IDIOMAS, LLUVIA...

Y de nuevo las almas del solar entimema
se parapetan contra las caricias del ángel, 
y una lívida niebla sin formas, que decrece, 
medita los temblores de la salvaje ley. 

Muerta de inanición entre chuscos idiomas, 
la calavera calva, presbicie y testamento, 
aletea, silente como mono que aullase,
la terca cantilena que conduce al amor. 

El decoro y los nombres, acusados por sombras,
estiran la clemencia que el embuste digiere, 
y se unen al espectro de un álamo salaz. 

El decoro, presea que uno otorga a la lágrima, 
y los nombres, negados por un juez del Oriente,
tundidos en la lluvia recelan del saber. 

viernes, 12 de abril de 2013

UN POZO

Si yo, que estuve loco, ahora puedo
decir de mí insanía
es gracias al amor. Pero los años
vividos en desgracia
son un pozo en penumbras del que a veces
salen turbios fantoches
que atacan y se van. De los amigos,
de los que así llamaba,
muy pocos se probaron resistentes
a verme hecho un guiñapo,
y muchos hoy me evitan. ¿Es que para
los salones de turno
uno puede hacer culto de franceses
a la moda que tratan
de lo anormal, y es norma, pero cuando
los más, y no exceptúo
al universitario, tienen que
tratar con el demente
retroceden, asqueados? Lo real:
un muro inexorable
aísla al que se hundió de los normales.
No eran falsos amigos,
mascullo: no pudieron soportar
la mutación. Y el pozo
nació, me digo, para atemperar
ese puñal: que pocos
permanecieron a mi lado cuando
me convertí en un negro
"andrajo autistizado".

martes, 9 de abril de 2013

NO ME HAGAS CASO

¿Por qué renunciaría
a tus manos, a sus 
ricos dones, que colman
de alegría mis tardes? 

Y sin embargo, huero 
me siento, y me imagino
alejándome de
las calles y los hombres. 

Un mal momento, amor, 
un temblor insidioso: 
ya me veo enclaustrando 
nuevamente este cuerpo. 

¿Razones? No las hay.
A no ser un penoso 
desasosiego, un turbio
humor, y oscuro, y arde. 

viernes, 5 de abril de 2013

COMENTARIO I (SAN GIANNUZZI)

Qué pueriles que son, 
en el fondo, las nuevas 
canciones. Las escucho 
gracias a un neo walkman
cuando salgo de casa, 
cosa de que el trayecto 
se aligere. ¿Leer 
en el bondi? Ya no:
me mareo no bien 
paso de la segunda 
a la tercera página. 
Y la macana es que 
el celu sólo capta 
emisoras potentes. 
Total: como no quiero 
Cadena 3, insisto
con el rock nacional 
y sus pobres acordes. 
Y mientras disecciono
despiadado las rimas 
de Calamaro y prole
y analizo las vueltas
cuadradamente armónicas
de los diversos grupos 
--porque el intelectual 
no puede estar a gusto 
con nada ni con nadie, 
y hay que ser mala onda--, 
me sorprendo de pronto
bailando imperceptible- 
mente, con gestos breves, 
disimulados, en 
la parada de turno 
y me entrego, sin más, 
a una Época púber
que coordina cabezas 
de rictus serenado
a través de unas calles 
en las que nunca nos 
han chocado, hasta ahora.