jueves, 10 de enero de 2013

UNA MIRADA LIMPIA

Es innegable. Soy
feliz. La madrugada
late, como una fruta
que pende. Digo: "aljibe
de la casa paterna,
y el magnolio, entre sombras".
Digo: "amor, allá lejos,
descansando de todo
lo que es ciudad, trabajo".
Digo: "cuerpo, y sudor,
y beber; y la casa,
en que se acrece --¡río!--
una intensa memoria".
Los versos pesarosos
¿para qué? ¿Cómo pude
dejar de ver el mundo,
que de continuo da
todo su ser al ser?
¿Qué pasó que, apagado,
disminuido, enfermo,
cuando rozaba vida
retrocedía, idiota?
Regué el jardín, y el perro
jugó conmigo; y esto
siempre estuvo al alcance
de la mano. Saber,
al menos por un rato,
que el Paraíso es eso:
una mirada limpia
y el corazón en calma.

2 comentarios:

  1. cómo podría haber jardín, sin versos pesarosos, enfermedad y sombras acreciendo entre magnolias. gracias por compartir este poema Pablo, habla bellamente un idioma que entiendo. Marcela Rosales

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    1. Sí, el claroscuro propio de la, discúlpeme, condición humana, ¿no? Cuánto agradezco estar pasando por una buena planicie. Y sí, como decís vos, quizá la planicie no sería tan sabrosa si antes no hubiera casi que tenido que pasar por malas simas. Gracias por pasar, querida Marcela. :-)

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