Cuando el ultraje reclamó sus fueros
--mala Malinche, rica colación--,
cundieron arbitrajes y reveses:
peritonitis de guadal. La gleba,
u ocelotes, o liza en la cascada,
se prosternó con chuchos de Templario
mientras que los Atridas del Sentido,
ínclito padecer --su cornucopia
a pleno melotrón--, correspondían
con pajes y pancartas a las nuevas
disposiciones del partido entrante.
¡Infrecuente quilombo! Entre requiebros
y madonnas u ortibas el alambre
dulzón que la Culebra reclamara,
perínclita de aceites, exigía
arrestos al venablo del Patrón;
cejijunto sainete quien, la cofia
en bandolera, sólido atusara
contusos con la gracia de un Delfín
arrinconado por los siglos progres.
Las niñas de los ojos del Estero,
alicaídas, lícitas en cuanto
dejaban de tragar y, sobre todo,
arrendatarias del valor en pugna
de los ingobernables ninguneos
con que el Obispo, pálido neón,
recompensara al clásico zurdaje
--devotos a la hora de la guasca
y despiporre típico del viento--,
sudaban, reclinadas en la corva
veranda, añil en que el manubrio en re
medroso compusiera la partita
que años después el Coronel Cañones
--circunspecto beodo-- tarareara
a trancas y a barrancas, hechizado,
por lo demás, por la belleza o dientes
de un óxido al pasar. Todo cundía,
entonces y después... Pero tan pronto
como tus lunas --tísicas, estrábicas,
heridas por la clava de un simún--
repiquetearon como pasacalles,
vino el Atún y me mandó a guardar:
"paso perita punchi pisotón".
martes, 15 de abril de 2014
miércoles, 2 de abril de 2014
EL CORAZÓN DE LAS COSAS
Ahora que soñás
con fantasmas que no
recordarás, escucho
las gotas aisladas
que cada tanto caen
entre las plantas. Un
grillo dicta, metrónomo
a más de cien, la insomne
ventanilla o distancia
que me separa del
corazón de las cosas.
Silencio en que no puedo
relajarme: poema
que nace muerto: versos
brotados malamente
de una conciencia que
se divorció de un mundo
que se le ha vuelto arena,
donde ya no hay temblor.
con fantasmas que no
recordarás, escucho
las gotas aisladas
que cada tanto caen
entre las plantas. Un
grillo dicta, metrónomo
a más de cien, la insomne
ventanilla o distancia
que me separa del
corazón de las cosas.
Silencio en que no puedo
relajarme: poema
que nace muerto: versos
brotados malamente
de una conciencia que
se divorció de un mundo
que se le ha vuelto arena,
donde ya no hay temblor.
miércoles, 26 de marzo de 2014
SONETO NEGATIVO
Eso: que te morís. No se lo cuentes
a nadie. Los galones de mandar
se te extraviaron. Durarás en puentes
desguarnecidos. Jura en el altar
de los desharrapados: no pudiste
amarrocar, y te negaste a mesas
de pertenencia, de tenencia. Hiciste
de tu razón un huaso (¡qué bajezas
los argumentos del incomprendido,
del nulo para hacer!)... Hubieras sido
comisario cabal, pero jamás
tuviste en cuenta sino los arrestos
de la dulzura. Lívido, entre restos
de La Fijeza, te estremecerás.
a nadie. Los galones de mandar
se te extraviaron. Durarás en puentes
desguarnecidos. Jura en el altar
de los desharrapados: no pudiste
amarrocar, y te negaste a mesas
de pertenencia, de tenencia. Hiciste
de tu razón un huaso (¡qué bajezas
los argumentos del incomprendido,
del nulo para hacer!)... Hubieras sido
comisario cabal, pero jamás
tuviste en cuenta sino los arrestos
de la dulzura. Lívido, entre restos
de La Fijeza, te estremecerás.
martes, 18 de marzo de 2014
EL LOQUITO
Sos el loquito. Nadie te dio el pie
para que fueras, pero vos actuás
lo mismo. Tropezás, incomodás
y no entendés muy bien pero seguís
(y en ese verbo ahora sonreís)
moviéndote, no obstante recaer
en la vergüenza cada tanto. Hacer,
por caso, el gesto inconveniente que
disgusta y descoloca al otro fue
puerta al aislamiento (aunque después,
cosa que es invariable, no podés
dejar de liberarte) y un cartel
--hético sambenito de papel--
te colocabas a vos mismo (vos,
el de los versos/yerra). Encierro y hoz
de represión castraban tu vivir,
y años pasaban, y eras de fingir
la seriedad. Y perdonarse. Ya
es hora de que deje de ser pa
cualquiera. No te encierres. Ya pasó.
para que fueras, pero vos actuás
lo mismo. Tropezás, incomodás
y no entendés muy bien pero seguís
(y en ese verbo ahora sonreís)
moviéndote, no obstante recaer
en la vergüenza cada tanto. Hacer,
por caso, el gesto inconveniente que
disgusta y descoloca al otro fue
puerta al aislamiento (aunque después,
cosa que es invariable, no podés
dejar de liberarte) y un cartel
--hético sambenito de papel--
te colocabas a vos mismo (vos,
el de los versos/yerra). Encierro y hoz
de represión castraban tu vivir,
y años pasaban, y eras de fingir
la seriedad. Y perdonarse. Ya
es hora de que deje de ser pa
cualquiera. No te encierres. Ya pasó.
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